miércoles, 16 de mayo de 2012

Toma de Decisiones Éticas


Steps in Ethical Decision-Making

Nota previa: Este texto (original en inglés disponible en http://kspope.com/memory/ethics.php) presenta la propuesta de Pope & Vásquez sobre un modelo de pasos para la toma de decisiones éticas. Es un texto de una cierta edad, pero significativo como parte de la historia de los modelos, y de indudables aplicaciones prácticas. 

Kenneth S. Pope, Ph.D., ABPP
Melba J. T. Vasquez, Ph.D., ABPP
Laura Barrera, Stefania Gómez & Luisa Prieto

El siguiente escrito expone el modelo de resolución de dilemas éticos propuesto por Ken Pope y Melba Vasquez, el cuál ha sido tomado del capítulo 11º del texto Ethics in Psychotherapy and Counseling: A Practical Guide, editado por John Wiley. 
Este modelo consta de 17 pasos, que permiten identificar aspectos claves de las situaciones, evaluar los beneficios y complicaciones de una determinada decisión y descubrir nuevos enfoques. Aunque en ocasiones hay pasos que no aplican para ciertos casos o deben adaptarse, esta  propuesta resulta muy útil y de hecho se basa en lo consignado dentro del código ético de la Sociedad Canadiense de Psicología.
Los pasos del modelo son entonces los siguientes:
1.             Formular el dilema de la manera más clara posible.
Para ello es importante hacerse preguntas como: ¿es justa la forma en que se manifiestan las declaraciones?, ¿está claro cuál es el problema y por qué es un problema?, ¿hay alguna parte de la información que se esté perdiendo por la vaguedad o ambigüedad de la misma?, ¿están siendo bien utilizadas las palabras o algunas son engañosas?, ¿en lo que se expresa se habla de hechos o suposiciones?, ¿hay alguna otra forma válida de definir el problema?.
Es cierto que a veces es urgente responder al dilema, pero es preciso tener todo lo anterior en cuenta para comprender en realidad el desafío.
2. Anticipar quién o quienes se verán afectados por la decisión.       
Generalmente las decisiones que deben tomarse en un contexto médico no afectan a una sola persona, sino también a quienes están cerca de ella, al resto del equipo médico o incluso a personas que se ven afectadas por las conductas de aquellos a quienes compete directamente la decisión, como cuando un terapeuta permite a un paciente salir ebrio de la consulta, y éste atropella y mata a un peatón, si esto ocurre, hay algo de responsabilidad del profesional tratante en ello.
3. Identificar quién es el cliente.
En este punto es necesario preguntarse si existe alguna ambigüedad, confusión o  conflicto con relación a quién es el paciente, ver si la persona que está pagando no es el mismo cliente,  si esto ocasiona que la lealtad esté dividida y si estos factores influyen de algún modo en el juicio del profesional.  
4. Evaluar si las áreas de competencia del profesional, su conocimiento, habilidades, experiencia y experticia son los adecuados para manejar la situación concreta.
Aquí es preciso responder conscientemente si se está preparado para resolver el problema, si hay algo que el profesional pueda hacer para asegurar que su intervención sea más efectiva, qué pasos debe seguir para conseguirlo y si no resulta mejor contar con otro profesional con una preparación que responda con mayor eficacia a las necesidades concretas de quien afronta el problema.
5. Revisar los estándares éticos formales que puedan resultar relevantes
Para este paso es necesario identificar si los estándares éticos hablan de forma directa o indirecta de la situación correspondiente, si parecen ambiguos al aplicarlos a ésta, si hay en la situación un problema o con los estándares éticos como tal o entre estos últimos y otros márgenes legales, si dichos estándares son útiles, irrelevantes, confusos o poco relacionados con el problema y si resulta o no de ayuda consultar a un experto en ética.      
6. Revisar estándares legales relevantes
Ante este aparte, se debe indagar si hay legislación con respecto a la situación dilemática, si dicha legislación es clara, si existe conflicto entre unos estándares y otros, si la ley apoya o por lo menos permite el procedimiento ético necesario, si por el contrario lo dificulta o lo impide y como último parámetro de este paso, es importante preguntarse si es útil o no consultar una guía legal.
7. Revisar las investigaciones previas y la teoría relevante
En este paso se necesita saber si existen teorías y estudios recientes que aporten a la comprensión del problema, visto desde diversos enfoques como el cognitivo, el existencial,  el psicodinámico, el farmacológico, el comportamental o el biopsicosocial, que en general se suelen dejar de lado para quedarse con una única visión: la del enfoque en que se enmarca la formación y el trabajo habitual del profesional.
8. Considerar si los sentimientos personales, prejuicios e intereses propios afectan el juicio ético
 Aquí es preciso que el profesional se plantee las siguientes preguntas: ¿la situación me hace sentir enojado, triste o asustado?, ¿quiero complacer a alguien?, ¿quiero evitar el conflicto desesperadamente?, ¿me asusta que si tomo la decisión que me parece correcta pueda tener algún problema, hacer enojar a alguien, ser cuestionado a posteriori por mis colegas, ser juzgado por la ley o el código ético?, ¿si hago lo correcto me puede costar tiempo, dinero, amigos, referencias, prestigio, un ascenso, mi trabajo o licencia?.
                     9. Considerar si hay factores sociales, culturales o religiosos que afecten la situación y la búsqueda de la mejor solución
Una misma situación puede tener un significado distinto en diferentes sociedades, culturas o religiones; de hecho lo que es éticamente correcto varía de un contexto a otro. Por tal razón, es preciso ver si hay aspectos de este tipo que han escapado a la atención del profesional y si la propia identidad puede entrar en conflicto con la del paciente, o incluso si existen problemas en los estereotipos y prejuicios del tratante que puedan influenciar negativamente el proceso.
10. Considerar la posibilidad de consultar
Las preguntas clave en este sentido son si hay alguien que esté en la posibilidad de proveer orientación útil para la situación concreta, si hay un reconocido experto en las áreas específicas, si hay una persona que haya enfrentado una situación similar y la haya sacado adelante, o que pueda compartir con el profesional aquello que puede funcionar y lo que en definitiva debe evitarse, si hay un colega cuya perspectiva pueda resultar útil, o si hay alguien cuyo juicio sea confiable.
En esta fase resulta de gran ayuda hacerse la siguiente pregunta: si lo que se decide hacer terminara siendo un absoluto desastre, ¿existe una persona a la que hubiese sido útil consultar?.    
11. Desarrollar cursos alternativos de acción
En esta parte del ciclo, el profesional debe responder a estas preguntas: ¿qué formas de resolver la situación imagino?, ¿qué enfoques alternativos puedo crear?.
En principio vendrán alternativas que no sean malas o quizás buenas, pero la idea es encontrar la mejor forma de proceder ante el dilema, no únicamente hacerlo con prontitud.
12. Evaluar cada curso alternativo de acción
      En este momento del proceso de resolución del dilema, se hace indispensable responder estas preguntas: ¿qué impacto tendría cada acción?, ¿cuál es el mejor y el peor resultado que se puede esperar para cada persona que está involucrada en la decisión?, ¿cuáles son las implicaciones y consecuencias a corto y largo plazo que la decisión podría tener para cada individuo afectado incluyéndose el profesional mismo o las organizaciones relacionadas?, ¿qué riesgos y beneficios supone cada acción a emprender?, y teniendo en cuenta que casi cualquier acción realizada puede traer consecuencias indeseables ¿cuáles podrían ser para cada una de las posibilidades?.
13. Tratar de adoptar la perspectiva de cada persona que se verá afectada
Cuando el profesional se pone en los zapatos de quienes se verán afectados por sus decisiones, cambia su comprensión de la situación. En este punto puede entonces preguntarse cuál creería cada persona que es la respuesta más ética para el caso y de esta forma combatir la distorsión habitual que surge cuando se mira una situación desde una única perspectiva.
14. Decidir qué hacer, reconsiderarlo y actuar
Una vez se ha elegido un curso de acción y si el tiempo lo permite, éste puede ser reconsiderado, pues al pensar de nuevo en las implicaciones del curso de acción elegido y de los demás posibles, es más probable que se llegue a escoger realmente la mejor opción.
15. Documentar el proceso y evaluar los resultados
Tener consignado el proceso y la documentación, teniendo en cuenta todo lo que condujo al profesional a tomar la decisión correspondiente es de suma utilidad. En dicha documentación se incluyen entonces los elementos del problema, las opciones posibles y sus implicaciones, las recomendaciones y consejos de otros, la perspectiva del cliente contando además los derechos relevantes, las responsabilidades y las consecuencias indeseables de los diversos cursos de acción.
Además de lo anterior, es preciso consignar lo que ocurrió después de tomar la decisión, si todo salió como el profesional esperaba, si surgieron imprevistos y si sabiendo lo que ahora se sabe se habría tomado el mismo camino o se hubiese elegido una vía distinta.      
16. Asumir la responsabilidad personal por las consecuencias
    Si la vía elegida por el profesional resultó ser negativa, si causó problemas, pérdidas y dolores innecesarios, es preciso que se haga la siguiente pregunta: ¿necesito enfrentar las consecuencias de lo que hice o dejé de hacer?.
17. Considerar las implicaciones de preparar, planear y prevenir
En este último punto del proceso, es preciso preguntarse si esta situación y los resultados de la forma de responder a ella sugieren posibilidades útiles en las áreas de preparación, planeación y prevención, si existen algunos pasos prácticos que permitan intervenir de forma más efectiva ante un problema similar a futuro y para terminar, si hay cambios políticos, procedimentales o prácticos que puedan contribuir de algún modo.       
Conocer modelos para la toma de decisiones o la resolución de dilemas éticos como el presentado aquí, es un paso no sólo importante, sino también necesario dentro del proceso formativo de un psicólogo.
Los parámetros de acción frente a la gran responsabilidad que supone ser un profesional de la salud no son fáciles de seguir porque cuando existen tantas y tan diversas formas de concebir una misma realidad, no es sencillo elegir una forma concreta de proceder; de modo que tener marcos de referencia hace menos difícil esta labor, pues permite evidenciar con mayor claridad los elementos, conceptos y agentes involucrados en la situación dilemática, pone cada componente en perspectiva, permite ver las relaciones entre unos y otros y evita que se pierda de vista información relevante.
    

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